Dos caras de un mismo 10 de mayo
El mes de mayo se conoce principalmente por el 10 de mayo, fecha en la que se celebra el día de las madres. Como es sabido, en México existe una violencia latente desde hace muchos años y una de sus consecuencias es la desaparición de personas. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNDPDNO), en nuestro país desaparecen, en promedio entre 40 y 42 personas al día. Esta cifra ha ido en aumento conforme pasa el tiempo, a mediados de 2025 había más de 130 mil personas desaparecidas. Hoy en día, en abril 2026 se calcula una cantidad de 132 mil 534 personas desaparecidas.
Teniendo en cuenta estos datos y, ante la ausencia del Estado e ineficacia institucional, surgen las madres buscadoras, quienes fungen como agentes de justicia en busca de la verdad. Desde la desesperación, la esperanza y la violencia estructural, las madres buscadoras tienen como objetivo encontrar a sus hijos, hijas, hermanos, hermanas, amigas, amigos, sea cual sea el estado en el que los encuentren.
Solemos ver noticias sobre cuerpos encontrados, que hay más desaparecidos con año y precisamente el 10 de mayo las madres buscadoras nos recuerdan que no necesariamente es un día feliz, un día en el que se celebra pues hay quienes viven con la incertidumbre del paradero de sus seres queridos. Es inimaginable el dolor, la impotencia y la desesperación que sufren, por lo que es necesario recordar. No podemos olvidar a todas esas mujeres que representan la transformación del dolor en resistencia colectiva. Son ellas quienes buscan justicia cuando las instituciones nos fallan. El 10 de mayo es un día lleno de flores y consumismo está presente, pero también es el día en el que debemos valorar a quienes están y seguir buscando a quienes faltan.
Ahora, cuando se habla de la falla sistemática del Estado es menester traer a colación su incumplimiento del artículo 4 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Este artículo establece el derecho a la verdad, considerado un derecho fundamental que México debe garantizar al formar parte de la CIDH. Pareciera ser que la CIDH se ha convertido en un mero trámite para el gobierno mexicano. Cuando en realidad, es una herramienta que procura que los países garanticen los derechos fundamentales y que sean sancionados en caso de violarlos. No habría la necesidad de grupos de resistencia si la ley se cumpliera cabalmente.
El hecho de pertenecer a un colectivo como las madres buscadoras no es fácil. Existe mucha violencia estructural en contra de ellas. Es decir, una forma de violencia que no se ve directa ni físicamente, pero existe dentro de las instituciones, ordenamientos jurídicos y dinámicas de una sociedad. Esto implica que las integrantes de los colectivos sufren condiciones de desigualdad, vulnerabilidad y abandono. Esta violencia se ve reflejada cuando el Estado no garantiza seguridad ni acceso a la justicia -educación y salud- o cuando la impunidad y corrupción provocan que haya personas en mayor riesgo. Todos estos criterios se actualizan en el caso de las madres buscadoras.
Ahora, no hay que olvidar los riesgos dentro de la salud mental. La incertidumbre del paradero de un ser querido genera muchísimo estrés y ansiedad, lo cual como consecuencia afecta la calidad de vida y el bienestar social. Aunado a ello, para quienes sí encuentran a sus desaparecidos estos síntomas no necesariamente desaparecerán. Tendrán la certeza, pero no la paz de por qué sucedió lo que encontraron.
La autora Brenda Navarro en su libro Casas vacías, cuenta la historia de una maternidad convertida en pesadilla, pues su hijo desaparece de un momento a otro. Es una novela fantástica que te provocará un poco de la ansiedad que viven las madres cuyos hijos o hijas desaparecen. Ella escribe: “Te imaginas todo menos que un día vas a despertar con la pesadez de un desaparecido. ¿Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia.”
Pareciera que la sociedad mexicana está tan acostumbrada a ver muertos y desaparecidos en las noticias que se ha normalizado la violencia en el país y llamamos valientes a los únicos que dan la cara para que esto se detenga. Tantos canales por los que podemos denunciar la situación y apoyar a quienes luchan cada día para que cambie, pero son mayoritariamente utilizados para fomentar la comercialización. La indiferencia se ha vuelto el modus operandi de la sociedad.
Mientras miles de familias celebran el 10 de mayo entre flores, regalos y reuniones, otras recorren desiertos, parques, carreteras y fosas clandestinas buscando respuestas. Existen dos caras de un mismo día: una marcada por la celebración y otra por la desaparición. Cada 10 de mayo recordemos a las madres buscadoras, pues nos obligan a mirar una realidad mexicana que muchos prefieren ignorar y otros enterrar. Nos recuerdan que detrás de cada desaparecido hay una historia, una familia, sueños y aspiraciones que fueron arrebatadas. En un país donde esta se ha vuelto la normalidad, por lo menos no hay que olvidar.