Crónicas de una desempleada / recién egresada
Me encontraba pensando en qué escribir como mi primera colaboración para Perspectiva Colectiva y no pude pensar en nada mejor que contar mi experiencia y, últimamente, mi pan de cada día.
Recién egresé en mayo y tenía muchas esperanzas. Como alguna vez alguien me dijo, las graduaciones tienen algo de mágico: por un momento parece que el mundo está lleno de posibilidades y que todos esos años de desvelos, trabajos finales y crisis existenciales finalmente van a rendir frutos.
Mi cuento de hadas no duró demasiado.
El lugar en el que trabajaba, donde me habían prometido un contrato de tiempo completo, recapacitó su decisión. Por cuestiones de “presupuesto” y porque “no existía una vacante disponible de tiempo completo”, olvidaron el buen año que habíamos pasado juntos. Por si fuera poco, una semana antes de que terminara el mes me avisaron que debía partir. Con un dolor enorme en el pecho, tuve que ir aquella oscura mañana de junio a entregar mi computadora y mi credencial.
A partir de ese momento, buscar trabajo se convirtió en toda una odisea.
Primero llegan los típicos consejos: “Métete a las plataformas”, “actualiza tu CV”, “postúlate a todo lo que encuentres”, “seguro algo sale”. Así que obedeces. Abres una plataforma, luego otra y después otra. Mandas solicitudes hasta perder la cuenta y descubres que, en muchos casos, las vacantes llevan meses publicadas, nunca fueron dadas de baja o, simplemente, tu postulación desaparece en un agujero negro del que jamás vuelve una llamada.
Entonces empiezas a preguntarte si eres tú o son ellos.
Revisas un centenar de veces tu CV por si, por algún error absurdo, escribiste mal tu número de teléfono. Entras a los ajustes de tu celular y piensas que quizá bloqueaste las llamadas de números desconocidos. Revisas tu correo, la bandeja de spam y hasta LinkedIn con una frecuencia que comienza a ser preocupante. Pronto descubres que nada de eso estaba sucediendo. Tu teléfono funciona perfectamente. Simplemente, a nadie parece haberle llamado lo suficiente la atención tu perfil.
Y ahí comienza la verdadera crisis. Te preguntas si debiste haber hecho algo más. Quizá esa certificación adicional de inglés o francés era exactamente lo que necesitabas para que alguna empresa te quisiera. Tal vez debiste tomar más cursos, aprender otro programa o acumular un par de diplomados mientras cursabas la universidad. O, peor aún, empiezas a pensar que quizá debiste trabajar desde que saliste de la preparatoria para poder cumplir, a tus veintitantos años, con los requisitos de aquella vacante de Consultor Jr. dirigida a “recién egresados”, pero que solicita cinco años de experiencia previa como analista en el área de especialización más inhóspita y remota de tu campo de estudios.
Después empiezan los rumores entre otra gente igual de perdida que tú.
Se rumora que si pones foto en el CV se esfuma cualquier oportunidad de encontrar el trabajo de tus sueños. Que si no la pones, también. Que tu currículum debe tener una sola página, pero al mismo tiempo demostrar que tienes suficiente experiencia. Que debes adaptar tu CV para cada vacante, utilizar determinadas palabras clave y asegurarte de que algún misterioso algoritmo considere que eres digno de pasar a la siguiente etapa. También dicen que jamás debes revelar tu sueldo esperado porque las empresas podrían pensar que eres igual de ambiciosa que Teresa y que lo único que te importa es el dinero. En automático: descalificada.
Esta travesía está llena de reglas no escritas, rumores y suposiciones. Cada persona parece tener un secreto distinto para conseguir empleo y, curiosamente, muchos de nosotros seguimos buscando uno. Ojalá hubiera alguien de Recursos Humanos entre nosotros que pudiera desmentir, de una vez por todas, todos los mitos que he escuchado durante esta odisea.
Ahora, que alguien me explique cómo se supone que aplicas a un trabajo cuando la vacante dice: “Experiencia mínima: universitario sin título”, pero unos renglones después, entre los requisitos, aparece la cédula profesional.
¿Alguien podría explicarme cómo obtengo mi cédula profesional sin haberme titulado? Si alguien conoce el secreto, por favor rólelo. Y, ya que estamos resolviendo misterios, ¿todas las universidades tardan meses en programar un examen profesional desde que comienzas el proceso de titulación? Porque existe un periodo particularmente divertido en la vida del recién egresado en el que ya terminaste la universidad, pero todavía no tienes título; necesitas experiencia para conseguir trabajo, pero necesitas trabajo para conseguir experiencia; y algunas vacantes para recién egresados parecen pedirte documentos que, por definición, todavía no puedes tener.
Y perdonen, tengo mucho que decir, pero genuinamente necesito que alguien me explique otra cosa: ¿es humanamente posible tener una vida en la que puedas hacer ejercicio, ver a tu familia, conservar amigos y, además, cumplir jornadas laborales de doce horas?
Lo pregunto porque últimamente he encontrado ofertas de “tiempo completo” que parecen interpretar el concepto con bastante creatividad. Hasta donde recuerdo, la Ley Federal del Trabajo establece para la jornada diurna una duración máxima de ocho horas. Quizá se me pasó el decreto publicado en el DOF en el que la reformaron a doce y, de paso, agregaron disponibilidad para hacer guardias los fines de semana.
Eso sí: algunas empresas están buenísimas para recordar cuáles derechos supuestamente todavía no te corresponden. Que ni se te ocurra preguntar por vacaciones antes de cumplir un año porque “todavía no tienes derecho”; o que tengas paciencia para firmar tu contrato porque el proceso “toma su tiempo”.
Ayer, por ejemplo, conocí a un chico que lleva tres meses esperando que le paguen sus quincenas. Me contó que ya quiere irse, pero también me hizo una pregunta bastante lógica: ¿cómo renuncias y simplemente dejas atrás tres meses de trabajo que todavía no te han pagado? Por supuesto, tampoco había recibido su contrato.
Y aquí es donde todo deja de dar tanta risa.
Hay un fantasma rondando a las nuevas generaciones: el fantasma de la falta de oportunidades. Encontré un dato que señala que cuatro de cada diez recién egresados universitarios encuentran empleo durante los primeros seis meses después de concluir sus estudios. Mi primera pregunta, naturalmente, fue si esos cuatro podrían rolar algunos tips a los otros seis que aparentemente tenemos la mala suerte de que el algoritmo de OCC no nos quiera.
La universidad de la que vengo presume una tasa de empleo de 95.5 %. Una cifra maravillosa hasta que estás buscando trabajo y comienzas a preguntarte: ¿me estás diciendo que tuve la extraordinaria suerte de pertenecer justo al 4.5 % restante?
Las estadísticas pueden ser crueles cuando dejas de ser un porcentaje y te conviertes en la persona detrás del número.
Porque detrás de cada recién egresado desempleado hay alguien actualizando su CV por quinta vez, llenando solicitudes, escribiendo cartas de presentación, aceptando entrevistas, revisando compulsivamente su correo y preguntándose qué hizo mal. Hay personas dispuestas a aprender y a comenzar desde abajo, pero que se encuentran con vacantes de entrada que exigen años de experiencia, procesos interminables y condiciones laborales que, en ocasiones, parecen pedir agradecimiento a cambio de derechos básicos.
Quizá ese sea el verdadero choque de graduarse. Durante años nos dijeron que estudiáramos, que nos preparáramos, que aprendiéramos idiomas, que hiciéramos prácticas, que construyéramos experiencia y que, si hacíamos las cosas bien, eventualmente encontraríamos nuestro lugar. Lo que nadie nos explicó fue qué hacer durante ese extraño espacio entre estar preparado para trabajar y encontrar a alguien dispuesto a darte la oportunidad de demostrarlo.
Así que estas son las primeras crónicas de una desempleada/ recién egresada. No sé cuánto dure esta sección (por mi estabilidad financiera, espero que muy poco), pero mientras tanto seguiré mandando CV, revisando mi teléfono para asegurarme de que no bloqueé las llamadas desconocidas y tratando de descifrar los misterios del mercado laboral mexicano.
Y si alguno de esos cuatro que consiguió trabajo en menos de seis meses está leyendo esto, por favor: pasa el formato o plantilla de tu CV y rola los tips.