Hace unos días, scrolleando en el internet de las cosas, me apareció un reel de “finanzas para las girls” y me hizo pensar en un fenómeno que, una vez que lo vi, ya no pude dejar de verlo.
Finanzas para las girls. Política para las girls. Noticias para las girlies. Girl math. Girl dinner. Lazy girl jobs.
Aparentemente llegamos a un punto en el que las mujeres somos una categoría que requiere cuidados especiales: información simplificada, conceptos adaptados y, de ser posible, todo en rosa para no espantarnos.
Y a ver, entiendo de dónde viene. Durante siglos las mujeres fuimos excluidas de conversaciones sobre dinero, patrimonio, inversiones, ciencia y política. Así que tener más mujeres hablando de estos temas, creando comunidades y haciendo accesible información que históricamente estuvo pensada por y para hombres me parece fantástico.
Lo que no termino de entender es por qué, para incluirnos, hay que hablarnos como si estuvieramos en Sparkling Princess.
Porque una cosa es explicar un tema complejo de manera sencilla y otra muy distinta es asumir que, para que una mujer entienda una tasa de interés, hay que pintarla de rosa y ponerle brillitos.
No necesito que CETES sea “esa amiga que pone tus pesitos a trabajar mientras tú duermes”. Puedo entender qué es un instrumento de deuda.
No necesito que la inflación sea “ese ex tóxico que hace que cada vez te alcance para menos”. Puedo entender por qué suben los precios.
Y tampoco necesito que una reforma constitucional se convierta en story time para poder tener una opinión política. Y no porque peque de soberbia y me crea particularmente brillante, sino porque soy una mujer adulta con las mismas capacidades de comprensión que un hombre.
Lo curioso es que rara vez hacemos el ejercicio contrario. Yo nunca he visto reels diciendo: “Bro, imagina que tu portafolio de inversión es como la alineación del América”.
A los hombres, aparentemente, sí podemos explicarles las cosas utilizando conceptos rimbombantes que, honestly, luego ni ellos entienden.
Y sí, probablemente alguien dirá que todo esto es únicamente una forma divertida de comunicar. Y muchas veces lo es. No creo que usar la palabra girlie vaya a destruir décadas de lucha feminista ni que cada video rosa represente un ataque al intelecto femenino.
El problema está en el fondo: en comprarnos la idea de que las mujeres necesitamos una forma especial de análisis.
Porque cuando le ponemos “girl” delante a todo recuperamos, muy “inocentemente”, algunos de los estereotipos más viejos sobre nosotras: las mujeres no entendemos de dinero, de política, de ciencia. Las mujeres entendemos de la casa, de las compras y de vernos bonitas.
Pero ¿saben qué?
Una mujer también se ve bastante bonita ganando el Premio Nobel de Literatura, como Anne Carson hace apenas unos días.
O gobernando un país, como nuestra presidentA (con A, aunque les duela).
¿De verdad creen que antes de una reunión alguien se acerca a Claudia y le dice: “A ver, Presidenta, te explico estas gráficas para girls”?
Y tampoco voy a ignorar que todavía existen brechas reales. Durante demasiado tiempo las mujeres tuvimos menos acceso al dinero, al patrimonio, a la educación y a los espacios de toma de decisiones. Es precisamente por eso que necesitamos más mujeres hablando de estos temas y más herramientas para participar en ellos.
Pero esas brechas jamás se van a cerrar si seguimos partiendo de la premisa de que somos incapaces de entender finanzas, ciencia, noticias o política si alguien no nos las pinta primero de rosa.
Hacer accesible el conocimiento no significa infantilizar a quien lo recibe.
Las mujeres peleamos durante demasiado tiempo para que nos dejaran entrar a estas conversaciones como para que ahora, ya sentadas en la mesa, decidamos voluntariamente instalarnos en la mesa de los niños.
No necesitamos “finanzas para las girls”.
Necesitamos finanzas.
No necesitamos “política para las girls”.
Necesitamos política.
Y, sobre todo, no necesitamos una versión femenina y simplificada del mundo para poder entenderlo.
Así que ya no nos hablen como girl. Si los boys entienden así, nosotras también.