Otro 2 de octubre, recordando lo que no se puede ni debe olvidar

¿Qué pasa cuando la sociedad decide exigir? Qué implicaciones puede tener reclamar a la autoridad sobre un tema que incomoda, pero no deja de escucharse. El año 1968 fue sumamente importante en términos sociales, de protesta, de libertad de expresión y represalia por parte del gobierno. Fue un antes y un después en relación con la brecha generada entre el gobierno y la sociedad civil, especialmente estudiantes e intelectuales. 

El movimiento estudiantil de 1968 empezó en México tras enfrentamientos entre estudiantes de distintas preparatorias en la Ciudad de México. La policía junto con un cuerpo de granaderos intervino con fuerza excesiva, lo que resultó en el detenimiento de estudiantes. Ello, convirtió un conflicto estudiantil en una protesta de alto impacto social, pues el conflicto dejó de centrarse en la violencia policial. Los estudiantes comenzaron a cuestionar aspecto del sistema político mexicano, incluyendo autoritarismo, represión de la disidencia, ausencia de libertades política y el uso excesivo de fuerzas de seguridad para controlar protestas. Esto llevo a que hoy en día se recuerde el 68 como un año lleno de violencia, pero también de exigencias democráticas y antiautoritarias. 

Cabe recalcar que, el movimiento no buscaba derrocar al gobierno, en realidad tenían seis puntos que formaron parte del famoso pliego petitorio. Entre sus puntos estaban: la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de ganaderos, la derogación de dos artículos del Código Penal que se relacionaban con el delito de disolución social, indemnización para víctimas de represión y que aquellos funcionarios involucrados en actos de violencia fueran sujetos responsables. 

En ese entonces, nuestro país se preparaba para inaugurar los Juegos Olímpicos, por lo cual era de suma importancia que México se viera como un país moderno y estable. Solamente faltaban 10 días y las movilizaciones estaban siendo el centro de atención. 

El 2 de octubre de 1968, estudiantes y simpatizantes -como profesores, vecinos, académicos y familiares- se reunieron para un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Alrededor de las seis de la tarde, un helicóptero sobrevoló la plaza y aparecieron bengalas. Poco después comenzó el caos en medio de disparos. Existen distintas versiones de cómo comenzaron los disparos, han pasado 58 años y hay quienes aseguran que los integrantes del operativo del gobierno son responsables de la matanza y, otras versiones aseveran que los disparos eran provenientes de los edificios y las fuerzas de seguridad respondieron a ellos. 

Por supuesto que esclarecer los hechos es sumamente relevante, sin embargo, a casi seis décadas podemos vislumbrar otro aspecto importante, la relación entre ciudadanía, protesta y poder estatal en México. El lema “2 de octubre no se olvida” no es únicamente para recordar la vida de quienes la perdieron ese día, ni rememorar el movimiento, es también un recordatorio de la necesidad de luchar por nuestros derechos, de que como ciudadanos estamos protegidos bajo una Carta Magna y la autoridad en turno tiene el deber de proteger, fomentar y hacer cumplir la letra de la ley, siempre velando por el bienestar y el desarrollo social. 

Es menester reflexionar sobre el peso que le dio el gobierno a la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1968, ya que fue mayor que el cumplimiento de garantías individuales como el derecho a la dignidad. Si bien es cierto que, era importante mantener una imagen dada la magnitud del evento y el honor de que se celebraran los juegos en México, también es verdad que no se puede tapar el sol con un dedo. Cuando la población está inconforme y se desarrollan una serie de manifestaciones demandando cambios, es casi imposible hacerse de la vista gorda, de hecho, no es el deber ser. Lo cual, me hace pensar en el mundial 2026, también llevado a cabo en nuestro país. Por un lado, la afición disfrutaba del renovado Estadio Banorte -anterior y mejormente conocido como Estadio Azteca- y, a unos cuantos metros de este, las madres buscadoras intentando que su voz fuera escuchada. Siempre se ha dicho que México vive distintas realidades y me parece que tristemente es verdad. Pareciera ser que para los que están en un cargo público y tienen la responsabilidad de escuchar para posteriormente resolver, les es muy fácil ignorar. En el 68 se vendió la idea a la comunidad internacional de una falsa estabilidad que se les salió de las manos y culminó en muertes y desapariciones. En México, las muertes y desapariciones siguen siendo una realidad, por distintas razones, pero continúan y peor, pues están en aumento. ¿Qué tiene que suceder para que se tomen acciones que realmente generen un cambio? 

Daniela Suárez

Estudiante de Derecho en el ITAM, con experiencia en comercio exterior y fiscal.

Le interesan los Derechos Humanos, la propiedad intelectual y las relaciones internacionales.

Es escritora y amante del arte, especialmente la pintura, la escultura y la poesía.

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